La GRAN diferencia entre tener un orgasmo masculino y eyacular según la ciencia

Sexual couple in bedroom

La hemos utilizado para tantas cosas que probablemente ya ni siquiera tiene sentido. Por ejemplo, ¿cuántas veces no hemos escuchado que alguien tiene un orgasmo auditivo al estar escuchando un gran disco o una excelente canción?. También están aquellos que dicen tener un orgasmo en la boca después de probar algún plato delicioso o con un sabor que les recuerde alguna buena etapa de sus vidas.

 

¿Pero es eso realmente un orgasmo? Dentro de esta especie de culto que existe alrededor del éxtasis está una enfermiza pero comprensible admiración hacia el cerdo y su “orgasmo” de nada menos que 30 minutos. Sin embargo, hay que anticiparnos a cualquier expresión de asombro y decir que eyacular —que es lo que hacen los cerdos en esa media hora— no es para nada lo mismo que tener un orgasmo. De hecho si nos remitimos al origen de las palabras “orgasmo” o “clímax”, ninguna refiere directamente a la eyaculación, sino al momento en que el placer en el cuerpo incrementa dramáticamente.

 

Más allá de la etimología, hay una diferencia abismal entre estas dos actividades y que, de hecho, una puede existir sin la otra. La triste razón por la que nos seguimos confundiendo es porque en realidad son pocos los hombres y mujeres que han sentido un orgasmo de verdad, sólo que en el caso del cuerpo masculino es un poco más notorio que en el femenino.

 

El músculo pubocoxígeo tiene una gran tarea en ambos casos, sólo que no es precisamente la misma, pues mientras en la eyaculación éste tiende a relajarse para dejar expulsar el semen, en el orgasmo intervienen muchos otros músculos que, contrario a la expulsión seminal, se contraen sin otro propósito más que el de provocar placer. Además, en el orgasmo no sólo intervienen factores físicos, sino también mentales, mismos que activan más receptores que vuelven de esta sensación una experiencia tan completa en la que ni siquiera es necesario lanzar semen para llegar a ese “subidón” de placer.

 

En realidad y según algunos sexólogos, son pocos los que llegan a experimentar un orgasmo real, sin embargo, pueden apoyarse de los ejercicios de Kegel para fortalecer la zona pubocoxígea y así tener más posibilidades de tener orgasmos y evitar que su ausencia sea un problema que pueda incluso terminar con una relación. Otros sexólogos afirman que el método ideado por Arnold Kegel en 1940 puede hacer tanto por los hombres como para las mujeres, como volverlos multiorgásmicos.

 

Así que si no has experimentado uno de estos “orgasmos tan potentes”, probablemente no has tenido un verdadero orgasmo, sino una eyaculación placentera que nada tiene que ver con ese éxtasis del que tanto has oído hablar por todos lados. Pero antes de preocuparte por no haber sentido algo similar, es mejor que procures “entrenar” a tu cuerpo para que por fin puedas conocer por ti mismo esta diferencia.

 

Fuente: www.culturacolectiva.com

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